EL
Hasta el momento destaca un discurso
que el primer ministro australiano John Howard, dejó en claro a los musulmanes
que estaban en Australia, el cual es digno de emular y no comprometer la
cultura de ningún país sometiéndose a las absurdas demandas que como extranjeros
han tratado de imponer en los países que los hospedan. Queremos hacer la
salvedad que entre esa cultura están los grupos radicales que podrían lanzar
ataques terroristas.
El primer ministro australiano dejó
sentado claramente e inequívocamente lo siguiente:
“Los que tienen que adaptarse al llegar a un nuevo país son los
inmigrantes, no los australianos”, expresó con firmeza el mandatario. “Y si no
les gusta, que se vayan. Estoy harto de que esta nación siempre se esté
preocupando de no ofender a otras culturas o a otros individuos. Desde el
ataque terrorista en Bali, hemos experimentado un incremento de patriotismo
entre los australianos”. 'Nuestra cultura se ha desarrollado sobre
siglos de luchas, pruebas y victorias de millones de hombres y mujeres que
vinieron aquí en busca de libertad', agregó el primer ministro”.
Fue refrescante escucharle decir
claramente y sin excusarse, que los australianos son cristianos, dijo al igual:” Esto no es un ala política ni un juego
político”. Se trata de una verdad, de hombres y mujeres cristianos que fundaron
esta nación basados en principios cristianos, lo cual está bien documentado en
todos nuestros libros. Por lo tanto, es completamente adecuado
demostrar nuestra fe cristiana en las paredes de las escuelas. Si Cristo les
ofende, entonces les sugiero que busquen otra parte del mundo para vivir,
porque Dios y Jesucristo son parte de nuestra cultura”. “Toleraremos vuestras
creencias, pero tienen que aceptar las nuestras para poder vivir en armonía y
paz junto a nosotros”, advirtió el primer ministro. “Este es nuestro país,
nuestra patria, y estas son nuestras costumbres y estilo de vida. Permitiremos
a todos que disfruten de lo nuestro, pero cuando dejen de quejarse, de
lloriquear y de protestar contra nuestra bandera, nuestro compromiso
nacionalista, nuestras creencias cristianas o nuestro modo de vida. Les
recomiendo encarecidamente que aprovechen la gran oportunidad de libertad que
tienen en Australia. ¡Aquí tienen el derecho de irse a donde más les
convenga!” “A quienes no les guste cómo vivimos los australianos”. “Tienen la
libertad de marcharse. Nosotros no los obligamos a venir. Ustedes pidieron
emigrar aquí, así que ya es hora de que acepten al país que los aceptó”.
El primer ministro australiano no
trató de pedir disculpas por su creencia cristiana. No trató de no ofenderlos
al llamar el nombre de Jesús, dejó claramente establecido nuestra fe es nuestra
cultura, y si no lo pueden o quieran aceptar que podrían marcharse.
Que gran diferencia a los absurdos que
se están desarrollando aquí en el occidente, en donde algunos países han hecho
ajustes para no ofender a los musulmanes con sus creencias cristianas.
Ellos son los que han logrado poder
salir de donde ellos estaban y ahora en vez de estar agradecidos, están
tratando de controlar aquello que no es su país, y sorprendentemente lo están
logrando, y en países que profesaban su fe cristiana.
Algo de este primer ministro
australiano ruego a Dios que impacte a los nuevos líderes con presencia
musulmana en sus países y mantengan firme y en alto su creencia el Supremo Dios,
no comprometiéndose y tratando de evitar mencionar el nombre Jesús para no
ofenderlos.
El primer ministro australiano ha entendido
y aplica claramente:
Hechos 5:29- Es necesario obedecer a
Dios antes que a los hombres.