De una manera u otra la perpetuidad política pareciera el síndrome que ha controlado una y otra vez, esa enfermedad infecciosa de aquellos en liderazgo que después de haber sido alcanzado por ella jamás se recobran, se recuperan.
Algo acontece en aquellos que han estado ocupando
posiciones en donde para ellos se ha convertido en su único medio de vida, la
única posición que aspiran y que venderían su misma alma si fuese necesario
para retenerlo.
Esta condición ha regido por siglos, es como si para aquellos
la posición que se ha adquirido los convierten en los únicos calificados y capacitados
para ejercerlo. Cualquier y todo otro aspirante no llena o llenará los créditos
porque aquellos que allí están han sido agraciados con una capacidad que no
posee ningún otro, aclaremos, así es como estos infectados por el poder y las
riquezas lo perciben.
Presidentes, legisladores, ministros; realmente es
cualquier y toda posición gubernamental tiene esa condición infecciosa que
nunca abandona a aquellos que han sido por ello afectado.
Diferentes tendencias ideológicas, propensiones
políticas, y reglamentaciones constitucionales que deberían determinar hasta
cuándo o hasta que punto se podría permanecer en una dada posición. Pero, el
control de poder, aquel o aquellos que están en la posición deseada logran
manipular el sistema, hacer los cambios para lograr perpetuidad en el cargo que
se les ha conferido. Y aquellos que están en la posición para denunciar y
reforzar las leyes, se comprometen igual, y el círculo incrementa.
Hay algo del poder que puede alterar el curso normal
de una vida, un comportamiento, identidad, integridad, sometimiento o
rendimiento de cuentas. Ya que de una manera u otra cada cual entronado en el
lugar que están, creen que están por encima de la ley o el cumplimiento de
ella. Y el apoyo incondicional de muchos allí está.
Este síndrome no afecta sólo del extremo occidental,
sino que al igual es en el oriental. En algunos más grotescos o más violentos,
algunos otros con un tono más discreto, sin embargo, con el mismo efecto de mal,
abuso y manipulación o mal manejo del cargo dado.
Entretanto que esta enfermante situación se
desarrolla, la población sólo puede ubicar la posición de observadores y los
afectados de aquella corrupción que por el momento no se irá, ya que muchos combatientes
contra ese sistema, al lograr algún peldaño para el cambio, quedan igualmente
infectados como normalmente ocurre con un gran número a través de los años.
¿Por qué esto acontece una y otra vez? Porque el
inicio de todo pareciera despejado, prometedor, mas, algo en la marcha altera
la dirección que se debió de tomar. Es que posiciones, grandes salarios, “bonos
conferidos por discreción propia”, son agregados económicos del cual nunca se
anhela desvincular.
Liderazgo político viene con un compromiso el cual
muchos no lo han considerado y muchos no lo desean considerar. Es conducir al
país hacia senderos de bienestar colectivo, es estabilizar tanto aquella casa
administrativa tanto en su eficiencia, como en el flujo de caja o divisas de
manera honesta y responsable. Es presentar su servicio y compromiso con el país
y dejar establecido hasta donde se es posible un repunte, para que otro en
aquel cargo o asignación pueda al igual continuar.
Ha habido hombres íntegros, responsables, honestos en
cargos en ambos hemisferios. Han dejado un legado que deja expuesto lo que ha
sido y es una buena administración, excelencia en dados cargos, en comparación
a todo lo que actualmente tantos hicieron y hacen en perjuicio de aquella
nación en donde aquellos están responsabilizados.
Proverbios 29:2- Cuando predominan los justos, la gente se alegra; cuando los
malvados gobiernan, la gente sufre.
Eclesiastés
10:17- (Feliz es el
país cuyo gobernante es un hombre justo, íntegro, y cuyos líderes proceden de
manera justa, honesta, que todo aquello en la cual se desenvuelven es para
beneficiar al país, y no para ellos saturarse o embriagarse de sus bienes.) Bienaventurada tú, tierra, cuyo rey es de
noble cuna y cuyos príncipes comen a su debida hora, para fortalecerse y no
para embriagarse.
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