¿Qué es lo peor que puede ocurrir? ¿Qué es lo peor ha
ocurrido? ¿Qué es lo peor en el camino? ¿Qué es lo peor que se enfrentará?
A Todas estas incógnitas que siempre estarán por despejar,
siempre representará un factor sorpresa e imprevisible, ya que mientras haya
vida continuamente se presentaran cambios y dentro de cada una de ellas
oportunidades o desafíos.
Hablar de lo peor que pudo acontecer es declarar que la
historia del mundo ha tenido su última edición. Esa realidad está lejos de ser
porque el que determina esa realidad es el Todopoderoso Dios.
Todo el mundo ha sido afectado de igual manera, todas las
economías mermadas, sin embargo, no es el fin de la economía, es el inicio de
reinventarse y darle uso a una nueva administración de probabilidades, ideas,
nuevos inicios.
Posible sea que los reajustes pertinentes y adecuados, para
este presente desconocido no se han considerado o evaluado.
La situación actual de más de 400 grandes empresas que se
han declarado en bancarrota en Estados Unidos gracias al COVID-19, no se
traduce a que la poderosa economía de ese país democrático no pueda
reinventarse, buscar las variantes para poder volver a subir a la cumbre y
volver a conquistar grandes alturas.
Es increíble pensar que, habiendo tantos grandes
economistas, nadie ha podido presentar un plan estratégico para fortalecer la
economía y contribuir a los cambios productivos para tanto las grandes empresas
como las micro empresas.
La primera potencia mundial, y Dios permita que ellos lo
sigan siendo, ya que aun con sus fayas y erratas en algunas áreas, continúan siendo
los defensores de la democracia, esa libertad de elegir y de poder llegar a
ser.
La mayor inversión que el gobierno debe de realizar en
estos momentos críticos de su país con respecto a la situación económica es
fortalecer todas las estructuras internas, concentrarse en que los cierres de
negocios se minimizado en todas las áreas que sea posible, ya que el
fortalecimiento de estos es el fortalecimiento de sus pilares tanto a inversionistas
como a la población laboral de aquella nación.
Aportaciones externas pueden tomar un segundo asiento, y
los que deben de poder estar en primera clase es la inversión del bienestar
norteamericano.
En el pasado en medio de los peores momentos de aquellos
años se reinventaron y surgieron estructuras o edificaciones que no había, negocios
que florecieron de la nada, y con gran esfuerzo, empeño se convirtieron en
colosos económicos que beneficiaron a la nación.
Hay 4,200 empresas comerciales que se han acogido a la
bancarrota del capítulo 11. Es tiempo de reestructurar o beneficiar a los
inversionistas o comerciantes que creyeron en el sueño norteamericano, el cual
no ha dejado de ser, empero, confrontando un desafío un tanto más grande, empero,
no imposible de poder volver a conquistar.
Para todos aquellos que siempre han declarado y hasta lo
cantan en uno de sus tonadas patrióticas de siempre, “Dios bendiga a los
Estados Unidos”, ahora es importante que nuevamente busquen del que permitió
que esa nación forjara y pudiese florecer de manera tan poderosa y productiva
que hasta ahora ha sido.
Vuelvan a ubicar a Dios en su gobierno, en su colegio, en
todas las estructuras norteamericana, ya que fue por Él, no por las actuales
tendencias que rigen hoy, que fueron ustedes bendecidos.
No están rodeados de un futuro sombrío como algunos lo
calificarían, lo que sí les rodea es una gran oportunidad de renovarse y retornar
a ser lo que el Creador puede volver a hacer en aquella poderosa nación.
Arrepentimiento o corrección sería un buen llamado para
poder volver al lugar en que fueron ubicados desde el principio.
Salmos 103:2- Bendice, alma mía, al SEÑOR, y no
olvides ninguno de sus beneficios.
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